El dios de los rotos
La despedida del Indio Solari y una radiografía del país.
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6/10/20265 min read
Uno de los testimonios más conmovedores que se recogieron durante ese fenómeno social que vivimos, que fue el velatorio del Indio Solari, fue la declaración de una joven que, poseedora de una capacidad poética envidiable, lo calificó como el "dios de los rotos". La joven contó su historia y no dudó en autodefinirse como una rota. Contó que cuando el único camino que veía era la muerte (de hecho, dijo que "la muerte le beso la frente en dos oportunidades" —¡qué maravilla!—), la música del Indio le salvó la vida.
Por supuesto que el Indio es más que eso. Lo voy a reformular. Interpeló a personas de muchos sectores de la sociedad, no sólo a aquellos quienes, por la situación en la que el sistema los había colocado, se vieron condenados a sufrir las consecuencias de muchas malas decisiones. Por ejemplo, Ares era el dios de la guerra y ese es su mètier, pero no por eso deja de tener relevancia su presencia en otras áreas. Con el Indio pasaba lo mismo. Era un fenómeno que trascendía la frontera de las clases, y sus letras hablaban de la sociedad en su conjunto. Pero indudablemente tenía un oído muy afinado para escuchar las llantos y lamentaciones de los rotos, de aquellos dejados de lado por el sistema y a los que nadie le hablaba.


Pero lo maravilloso del fenómeno Solari es que nunca fue condescendiente con ese público. El Indio no tuvo nunca ninguna concesión poética con su público. No simplificó sus metáforas; no lavó su poética para que sea comprensible por todos. Nunca tuvo miedo de quedarse sólo, de perder a sus seguidores por el camino. La gente lo siguió, nunca lo defraudó. Las canciones de los Redondos obligaron a que sus millones de seguidores dedicaran cinco minutos de su vida para tratar de entender de qué hablaban sus letras. Y si no podían entender de qué hablaban, dedicar cinco minutos más de su vida para tratar de determinar qué significaban esas letras para ellos. No sé si a ustedes les ha pasado en su adolescencia participar de largas tenidas con amigos en dónde cada uno trataba de explicar qué estaba diciendo en Indio en tal o cual canción. Bueno, así es como se educa culturalmente un pueblo: aprendiendo en conjunto a argumentar e interpretar textos medianamente complejos. No comparto la opinión de que las letras del Indio eran particularmente crípticas o “difíciles”. Si estaban llenas de metáforas y no eran condescendientes. Con el Indio no existía eso de “vení que yo te explico”. Ni de parte de él, ni de nadie.
Desde hace más de dos años, estamos tratando de encontrar la respuesta a la pregunta: ¿por qué ganó Milei? Y en ese proceso, hubo un momento en que la explicación que parecía contar con el favor de la mayoría era que en un país de rotos, la gente (sea eso lo que sea) votó a un roto para que lo represente. Sin embargo, la reacción de Milei ante la muerte del Indio pone en entredicho lo analizado. En una sucesión de decisiones difíciles de comprender, el Gobierno se entregó a la inacción, entendida en su peor sentido. Pese a la relevancia del suceso, el gobierno no decretó el duelo nacional y le prohibió a la familia el uso del Congreso de la Nación, pese a que era la expresa voluntad del fallecido ser velado allí. El Presidente, pese a tener más de un millón de personas en las calles expresando su dolor, eligió el silencio y su cuenta de twitter demostró una llamativa falta de actividad. El gobierno percibió al muerto como un líder opositor y eligió actuar de manera mezquina y anti republicana: le quitó a un hijo destacado de esta patria los homenajes que por sus méritos le correspondían. No quería que el velorio del Indio se convirtiera en un acto político en su contra, y con su accionar no hizo más que provocar que los rotos que, en procesión concurrieron a la despedida del Indio, aprovecharan cualquier cámara disponible para insultarlo. Curiosa la impericia de este gobierno, que logró que dos manifestaciones terriblemente masivas como el #NiUnaMenos y el velorio del Indio, que en principio no tendrían por qué ser opositoras, se convirtieran en enormes manifestaciones del descontento popular con su figura. Claro, cuando uno mira sus políticas, tampoco podía esperar mucho de esas manifestaciones.


Debo confesar que, en una actitud ingenua de mi parte, pensaba que las exequias del Indio, serían una oportunidad para que una parte del país que no tiene contacto con la realidad de los sectores populares, pudieran empatizar con su dolor. Siempre me pareció terrible el tango “Los cosos de al lao’”. Siempre pensé que las estrofas finales: “por eso es que bailan/ los cosos de al lao’”. Es terrible esa incapacidad de ser felices con la felicidad ajena; esa forma mezquina de la envidia. La envidia es tan grande que los los lleva a negarle la entidad como persona (son cosos), sino que sean incapaces siquiera de nombrarlos como vecinos, como prójimos. No obstante esto, siempre pensé que ante una tragedia, (donde la envidia ya no tendría cabida), la actitud sería distinta. Quise creer qué ante imágenes como la de la joven que mencionamos antes, ante gente que muestra su dolor y cuenta su historia y las dificultades que tuvieron que atravesar, esa otra mitad de la sociedad se emocionaría. Un ejemplo de eso circuló en redes sociales en forma de carta de lectores de La Nación de José Félix Gutiérrez Arana, que aquí transcribimos. Si alguien a quién le pusieron José Félix (nombre del golpista Uriburu que le dio el golpe de estado a Irigoyen en 1930) de nombre, con la edad que delata, es capaz de no sólo conmiserarse con el dolor ajeno, sino sorprenderse por no poder haber visto un fenómeno tan masivo, tenía algún sentido mi esperanza. Pues bien, no. Si bien Milei no habló durante todo el fin de semana, lo hicieron muchos de sus personeros y lo hicieron de la peor manera posible. Es indecoroso reproducir en este espacio los epítetos que estas personas profirieron a lo largo del velorio. Así como no esperamos que alguien se haga presente en un velorio para insultar al muerto y a sus deudos, no esperábamos que los comunicadores lo hicieran tampoco. Bueno, digamos que si algo aprendimos en este fin de semana es que siempre se puede ir un escalón más bajo en la dignidad humana.
Ahora bien, esta situación abre un interrogante electoral a futuro. En primer lugar, podemos dar por concluida la idea de que la victoria de Milei se debía a una suerte de identificación de los rotos con él. Esta suerte de mirada mimética estúpida en donde “entre rotos” se entienden, no resistía el menor análisis y hoy es más sencillo verlo. El gobierno, en menos de una semana tuvo dos manifestaciones políticas que lo tuvieron como enemigo preferido. Por más que los medios nos vendan el veranito financiero, la calle le marca un límite claro al proyecto libertario. Pero una pregunta más interesante se plantea: ¿quién está en condiciones de representar a esas masas? ¿Quién escuchará y registrará las necesidades de los rotos ahora? Gran parte de nuestro futuro cercano dependerá de esa respuesta.
